Devoción Matutina
29/07/2014


29 de julio PIDAMOS LOS DONES

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. (Santiago 1: 5).

Quienes piden porque desean impartir no serán chasqueados. Dios recompensará a quienes vienen a él con fe sincera. Nos asegura que el pensamiento de su majestad y soberanía no debe atemorizamos. Nos dará mucho más abundantemente de lo que pedimos si vamos al trono de su gracia. Al suplir nuestras demandas destaca su soberanía como motivo de confianza en su grande y generosa abundancia. Se compromete a escuchar nuestras oraciones, asegurándonos que las oirá. Condesciende a apelar desde el instinto de la ternura paternal hasta la infinita benevolencia de Aquel a quien pertenecemos por creación y por redención. Nos dice: "Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?" (Luc. 11: 13). Los necesitados y hambrientos en espíritu nunca suplicarán en vano...

En vista de esto, díganme: ¿Quiénes deberían aparecer con rostros más luminosos, radiantes y alegres que quienes viven por fe en el Hijo de Dios? En él los necesitados y hambrientos encuentran saciedad para todas sus carencias. Pero no olvidemos, quienes han recibido de Dios las cosas buenas de esta vida deben ser sus manos ayudadoras para satisfacer la indigencia de los pobres. Tienen que asociarse a él como obreros. Deben ser sus mayordomos de confianza, y usar sus bienes para el avance de la obra de Dios. Así su nombre será glorificado.

El Señor desea emplear a la iglesia como un canal mediante el cual pueda transmitir su liberalidad. Si su pueblo mantuviera abierto este conducto, recibiendo los dones espirituales y temporales de su gracia para impartirlos a los necesitados, no habría ningún enfermo descuidado ni huérfano llorando por alimento. Las viudas y los huérfanos cantarían de gozo.

Dios ha dado al hombre el más valioso de sus dones. Ha procedido así para que el hombre pueda distribuir la abundancia de la gracia divina.- Bible Echo, 12 de agosto de 1901.