Devoción Matutina
19/04/2014


19 de abril GUIADOS POR EL TESTIMONIO ESCRITO

¡A la ley y al testimonio! Si no dijeron conforme a esto, es porque no les ha amanecido. (Isaías 8: 20).

El Espíritu Santo siempre conduce al creyente a la Palabra escrita y llama su atención a los grandes principios morales de la justificación. Es maravilloso tener el reconocimiento de Dios como resultado del privilegio de testificar en favor de la verdad. Antes de ascender al cielo - cuando una nube de ángeles lo recibió dejándolo fuera del alcance de la mirada de sus discípulos, Jesús les dijo- "Récibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hech. 1: 8). Gracias a la recepción del Espíritu Santo fueron calificados para testificar por Cristo.

Quisiera impresionarlos con esta realidad. Los que tienen a Cristo por fe en el corazón, en verdad poseen el Espíritu Santo. Cada persona que recibe a Jesús como su Salvador personal, con certeza acoge también al Espíritu Santo, que para el creyente es consejero, santificador, guía y testigo. Cuanto más cerca de Dios camine el discípulo, más efectivo será como testigo y más poderosa la influencia que ejercerá sobre otros su testimonio acerca del amor del Salvador. Dicha relación le ayudará a transmitir las evidencias del galardón de la Palabra de Dios. Esta es la carne y la bebida que satisface la sed del creyente. Se siente recompensado al descubrir en la Biblia la voluntad de Dios.

Algunas personas que dicen ser creyentes se han apartado de la Palabra de Dios dándole las espaldas, y, además de ser descuidados con la Biblia, que es una guía maravillosa e instrumento que prueba todas las ideas, sostienen el sofisma de Satanás al asegurar que el Espíritu les enseña, y que por lo tanto es innecesario destinar tiempo a escudriñar las Escrituras. El Espíritu y la Palabra concuerdan. Dice la Biblia: "¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido" (Isa. 8: 20). El ser humano llega a ser libre únicamente cuando el Espíritu lo liberta.- Manuscript Releases, t. 14, pp. 70, 7l.